Amagá enclavado en un pequeño valle de la cordillera central, dormido sobre inmensas moles de carbón, custodiado por cerros y colinas. Sus calles bien trazadas sirven de vía laso modernos carros como también, a las recuas de mulas que llegan desde el campo cargadas de café, carbón o con los dulce frutos de la tierra.
Fachada templo parroquial
El domingo, en el parque, se conjugan el color y la alegría, en los típicos toldos donde sonríen maduros los frutos venidos del campo que aun conservan el perfume ala tierra, también allí ese mismo día en las banquitas, se da el encuentro feliz de los compadres y los aguerridos abuelos, se celebra el negocio, o se cumplen románticas citas entre el rustico peón y la típica campesina

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